sábado, 12 de mayo de 2012

Memoria de una Jam Session inolvidable

El pasado viernes día 4 de mayo de 2012 tuvo lugar la Jam Session Poética en La CABA (La Casa Autogestionada del Barrio de Aluche). Era mi primera Jam. Imaginaba, más o menos, cómo sería pero… ¡Fue mucho mejor de lo que me figuré!
Nos reunimos unas cuantas personas, todas, indudablemente, amantes de la literatura en general y de la poesía en particular, género que los allí citados compartíamos.

         El salón, grande, más hubiera parecido la cantina de un bar de pueblo que otra cosa, pero Isa, integrante de La CABA y vinculada al grupo poético, arregló los sillones en círculo; colocó sillas entre los huecos que quedaban entre estos; cubrió con manteles que parecían vistosos mantones de Manila las mesas; dejó encendidas un par de luces a cada lado de la sala y, el resto de la iluminación corrió a cargo de velas encendidas, grandes y pequeñas, diseminadas por todas las mesitas…, había música de fondo. El tosco salón se había transfigurado en un recinto distinto por completo.

Empezamos algo más tarde de la hora programada, fue una tarde noche horrible, llovió con fuerza, tronó, relampagueó… Hizo frío. Algunos de los contertulios llegaron tan mojados que no les quedó más remedio que cambiarse de pantalones allí mismo, y menos mal que tienen una especie de “mercadillo” de ropa de segunda mano. Cuando ya todo estuvo en calma, al menos en aquella estancia ya no supimos si llovía, tronaba o caía granizo.

Después de acordar cuál sería el orden a seguir, se dio paso a la presentación de mi libro de poemas, Perlas de Luna. Fue una presentación muy sui generis, no tuvo nada que ver con las que acostumbro a asistir: mesa en tarima, anuncio del libro a presentar, tres o cuatro personas sobre la tarima que hablan de la obra, del autor, que leen, etc. etc. NO, nada de eso. Se preguntó en voz alta que quién tomaría la palabra y cómo sería la puesta en marcha. Alguien tomó las riendas y comenzó: leyó mi biobibliografía, la que aparece en la solapa de la cubierta del libro. De ahí, otro me formuló una pregunta a la que respondí.

         Quien leyó mi biografía me pidió que recitara una serie de poemas de los publicados. En contra de todo pronóstico, lo hice con voz clara, fuerte y, aparentemente, sin nervios.

         Después, el libro fue rodando de mano en mano (unas semanas antes dejé un ejemplar en La CABA para que lo vieran, para que, si al final me permitían “presentarlo” allí, conocieran al menos su temática y me conocieran a mí): cada uno de los allí presentes recitó el/los poemas que más les gustaron o que más les llamaron la atención. En los intervalos, surgían nuevas preguntas. Una de ellas, que transcribo, fue más o menos:

- ¿Qué sientes al decir que eres poeta?

Le respondí la verdad:

- Vergüenza.

- ¿Vergüenza?

- Sí, mucha vergüenza.

- Entonces. ¿cómo es que has publicado este libro tan hermoso?

- Siempre he querido publicar algo en solitario. Siempre pensé que sería un libro de relatos pero, al final, salió uno de poemas. Lo que sí he de decir es que hasta el año 2004 solo sabían de esta afición mi marido, mi hija y dos buenas amigas, pero ese año, cuando regresábamos a Madrid, después de unos días de vacaciones, al despedirnos del cantante del hotel en el que nos hospedábamos dijo que ese año se iba a dedicar a componer. Ni lo pensé, porque si lo pienso no lo digo, es más, me sentí como si hubiera salido de mi cuerpo y me escuchase diciendo: “Pues a mí me encanta escribir poesías”. Una vez dicho imposible volverse atrás… Y, bueno, a partir de ahí es cuando puedo decir que se “rompió” el secreto. Los poemas nunca se convirtieron en canciones, pero sí en libro, ya ves. De hecho notarás que algunos son pegadizos e, incluso, se “escucha” una voz masculina dirigiéndose a la protagonista, eso es porque, en un principio estaban escritos en femenino; cuando los iba a llevar al registro pensé: “Vaya, si estos poemas los va a cantar un hombre tengo que cambiarlos de género”, y vuelta a corregir. Por eso ciertos poemas “suenan en masculino”.

         La reunión fue distendida.

         Nos dieron más de las once de la noche, los demás también tenían que leer sus poemas y comentarlos.

         Se propuso escribir en aquel mismo momento, casi en menos de cinco minutos, un poema con las palabras: “Contrito, perlas y hongo” –las dos primeras sacadas de dos de mis poemas, la tercera de uno de los poemas de Isa-.

    Yo escribí esto:



I


Contrito por tu adiós,

sentado entre los hongos,

aluciné:

al mirar al cielo

vi perlas



II


Contrita y sin rumbo

caminé por la playa

brillaban perlas sobre la arena.

¡Aquellos hongos…!


Y, dos días después, cuando pasé a limpio ambos poemas, me recordó a “Alicia en El País de las Maravillas”, con sus andanzas y sus hongos alucinógenos.

Lamento haberme extendido tanto contando esta Jam Session, pero lo pasé tan bien, me sentí tan cómoda… Eso por un lado. Por otro, para mí aquello fue como esas reuniones que se representan en los cuadros, o en el cine; aquellas que tenían lugar en los siglos XVII, XVIII, XIX y principios del veinte, aunque menos. Mejor me quedo con aquellos salones del siglo XVII donde se escuchaba música, y se leían poemas, se hablaba de política, de amor, en fin, de la vida. En aquella época no había ni cámara de fotos, ni vídeos, ni teléfonos móviles (que hacen el mismo apaño que los dos anteriores), por eso no queda noticia gráfica de este encuentro. Romper el encanto del mismo, con alguien paseando por entre los contertulios, cámara en mano, hubiera roto todo el encanto. Que me hubiera gustado guardar una imagen de ese momento, sí, pero el recuerdo creo que se mantendrá vivo e imborrable. Al menos para eso lo he escrito: para compartirlo y, sobre todo, para recordarlo en un futuro.


Juana Castillo Escobar
Madrid, 12 de mayo de 2012


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